NÚMERO 9

     

El teatro y la paz

Sara Mañas Lezameta

 

 

La Paz requiere de mucha más energía que la guerra y, sobre todo, bien dirigida. La representación de “El Sorteo de Cásina”, de Plauto, en el marco del XIV Festival Juvenil de Teatro de Mérida por el grupo de teatro PARODOS es sólo la cara visible de un proyecto de convivencia escolar capaz de demostrar que la Paz parte del diálogo y de la escucha atenta a cada persona. Cada identidad es integrada, comprendida y respetada, permitiendo coexistir todo un espectro de pensamientos y opciones de vida, que cada cual definirá y variará en su propia andadura.
Siglos atrás la misma comedia pudo ser representada en este Teatro Romano de Mérida, a cuya  belleza, se ha sumado su valor histórico, presentándose como el marco idóneo para evocar la Cultura Clásica.
Los Dioses del Olimpo les concedieron un Sol radiante, bajo el que doce pequeños actores nos arrancaron las primeras carcajadas. De entre 6 y 11 añitos, llenaron la cavea de atenta escucha, introdujeron la obra y la explicaron ante la sorprendida mirada de 3000 espectadores, que nos enternecíamos ante esta cándida y picante réplica. Sus admirados mayores, momentos después, pusieron en escena una historia de amoríos, donde las razones y los modos distan enormemente del tan trillado romanticismo. El descarado e  inocente personaje de Mirrina, las danzas de las nuevas actrices, los golpes de humor de los tramposos enamorados, la fingida ignorancia del ama, la divertida mirada de las dos negras zumbonas, se sucedieron en un entresijo de acontecimientos  que desembocó en un estruendo de risotadas. Reírse un rato de la vida es el mejor remedio para todo mal y una semilla de Paz.
Este grupo de teatro da visibilidad a los pueblos que comparten el IES Siberia Extremeña. El teatro que Silvia Pérez Zarco dirige se ha convertido en una seña de identidad que nace del compromiso de muchas personas. Integra en un foro común a los artistas locales; Casa de la Cultura e Instituto aunan sus esfuerzos por el teatro; y la participación indispensable de madres y padres le ha hecho crecer unas raíces profundas. Si cualquier sistema educativo tiene inevitables limitaciones como sistema integrador, al primar el desarrollo de unas cualidades sobre otras, el teatro se vuelca en la creatividad, que permite generar sus propias y nuevas pautas.
Cada modo de expresión es arropado por el resto, Babel abandona la discordia del malentendido y encuentra la riqueza del diálogo en una amalgama de sonidos, colores, bailes y pensamientos. Cada cual desarrolla sus capacidades artísticas y creativas, que hallan resonancia en la sensibilidad propia del espectador y en el equilibrio del conjunto.
En lo diverso, la creatividad recibe su forma más espontánea. Crear una realidad  en la que los pensamientos originales son apreciados y promovidos hace que cada idea se ensamble con la del compañero, en una armonía compleja que incita a compartir y comprender las emociones. La indolencia retrocede y da paso a la actividad, el actor sabe que la realidad se puede cambiar día a día. Se hace evidente que los valores relativos del escenario de la vida se resuelven entre bambalinas, para aparecer de pronto ante los ojos, en un instante; y luego la función sigue, no se detiene, avanzamos hacia el tiempo dispuestos a vivir la siguiente escena, el siguiente acto, con la herencia de nuestra experiencia y un nuevo papel entre las manos. El Arte se eleva sobre imposiciones y prejuicios  y se perfila como PARODOS, y con un unánime aplauso desde aquí le pedimos: ¡Que siga la función!

 
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